lunes, 4 de septiembre de 2017

MAMÁ 22 de mayo del 2017


El 22 de enero de 1940, llegaste a este mundo,” como un altar del cielo” (Araceli). 
Comenzaste un camino, que 77 años después llego a su conclusión. En ese camino has vivido miles de cosas, buenas y malas pero todas ellas son las que han hecho de ti la persona de la que hoy todos nos despedimos, recordando cada uno de nosotros algún momento vivido junto a ti y creo no equivocarme, que ese recuerdo es especial y bonito.

Fuiste y serás una buena persona, con letras mayúsculas;  cariñosa, fiel, respetuosa, sensible, educada y sobre todo ello una buena madre y esposa.
Entregada por y para tus conocidos y no tan conocidos, pensando cómo hacer el bien, enseñando a niños de 6 años quien es dios y la religión, algo en lo que siempre has creído y has disfrutado de ello, en especial de tu virgen del valle, de cenicero.(la más bonita del mundo entero).

Hoy te estamos rindiendo homenaje tus hijos, tus nietos, tu familia y  tus amigos, un homenaje merecido y que esperamos te sirva para llegar al cielo, ese lugar que te corresponde y que tu sabias que un día llegarías a él. En el cielo te espera tu dios, para acogerte con esas manos tan dulces que tanto decían de ti al acariciarlas. También estará tu esposo, el cual después de más de 15 años deseando verte, seguro te recibirá para disfrutar de una grandiosa batalla de flores blancas y comenzar una nueva vida, llena de recuerdos y observando desde allá arriba, como los frutos de vuestra unión, siguen adelante junto con sus familias, el camino de sus vidas.

Miles de gracias de parte de los 4 y todos los demás, por ser como has sido con nosotros.
Que sigas siendo tan sensible, cariñosa, atenta, respetuosa, como lo has sido hasta ahora.


Un beso de parte de todos, en especial de tus hijos y nietos;  y descansa “que ya te lo merecías”.

martes, 27 de junio de 2017

¿Soñar para evadirnos?


En algún momento de nuestras vidas pensamos en estar en otro lugar completamente diferente al que estamos, situaciones difíciles como el trabajo, un problema familiar, o una mala racha con nuestra pareja, todo esto, nos hace sentir esa necesidad de evadirnos a otro lugar en el que descansar de ese momento que nos está afectando y complicando la vida. Generalmente pensamos en lugares paradisíacos como una isla, una playa, la montaña, una ciudad diferente o ese sitio en el que ya estuvimos de vacaciones y nos marcó de alguna manera. Conseguirlo es prácticamente imposible, aunque en ocasiones se logre con un poco de tiempo, lo que no solemos pensar es por cuánto tiempo estaríamos allí y si realmente esa es la solución, en otras ocasiones decimos eso de: “me iría a…. y no volvería jamás”, pero sería la solución también en este caso? La respuesta es NO, en el primer ejemplo, después de un tiempo de relajación volveríamos a nuestra vida cotidiana y ese asunto que tanto nos agobia seguiría ahí, y en el segundo ejemplo, el irnos para siempre tampoco acabaría bien, habríamos huido de los problemas, no habiendo aprendido a afrontarlos, y lo más difícil, quitarnos de la cabeza lo que hemos dejado atrás o a quienes hemos dejado. Ninguno de los dos casos es la solución, aunque el primero podría darnos un respiro y al volver ver las cosas de otro color.
Los problemas o situaciones adversas que no queremos en nuestra vida, realmente son tan malos? o simplemente no sabemos llevarlos de manera que no nos hagan el daño que queremos evitar.
A veces con cosas sencillas podemos evadirnos por momentos y descargar esa tensión que nos invade cada día. Parece fácil decir esto y la verdad es que no lo es, pero si aprendemos a buscar esos momentos de tranquilidad y relajarnos, seguramente podamos sentirnos mejor y más preparados para afrontar esas dificultades o problemas.
Si pensamos que pequeñas cosas nos pueden ayudar, seguro que salen muchas y que además no pensábamos que podían hacernos tanto bien. Hacer ejercicio, como: nadar, correr, montar en bicicleta, nos quitará peso de encima y nos hará sentir mejor, y hacer de ello una rutina, será una de las mejores soluciones. Otras, como realizar actividades que nos gustan, por ejemplo; manualidades, ver películas, escuchar música, leer, escribir, cocinar, pasear, etc.…, nos centrarán en esa actividad y no son tan difíciles de hacer. Hay otras cosas aun más sencillas que las hacemos a diario y no nos damos cuenta de que son beneficiosas para nuestro bienestar y que si sabemos utilizarlas nos pueden dar la clave para sentirnos mejor. Tan simple como fijarnos en un niño que juega y disfruta de su inocencia, nos puede regresar a nuestra infancia y a esos momentos que nos hacían tan felices. Pasear con nuestro perro, jugar y hablar con él, o con la mascota que podamos tener, te servirá de receptor de tus emociones y te ayudará a distraerte. Esa cafetería que te gusta, por su café o ambiente, te hace sentir cómodo en un lugar especial. Sentarte en un banco y ver a la gente como va y viene, te puede enseñar y servir de referencia para ti. Ver como las ramas de los árboles se mueven con el aire, sentir la brisa en la cara, descubrir sitios nuevos de tu entorno, o tantas cosas muy simples, que uniéndolas, pueden ayudarte a encontrar ese momento de relajación que tanto necesitas.
Queda claro que no tenemos que irnos a miles de kilómetros para sentirnos mejor ya que a la vuelta nos espera la razón por la que nos fuimos. Ciertas cosas más simples y cotidianas nos pueden ayudar a encontrarnos más receptivos para afrontar nuestros problemas.
Respira profundo y piensa que te gustaría hacer, no sueñes con cosas complicadas, sal a la calle, queda con un amigo, tu mascota, tu pareja, un lugar cercano en el que sentir el aire en tu piel, cualquier cosa que te separe por un momento de tu problema y si lo haces a diario te verás recompensado con ciertos placeres que te puede dar la vida y que no creías fuesen tan geniales.
La vida no son dos días como se suele decir, es más larga y por muy cuesta arriba que se haga, siempre hay algo que te puede ayudar a sentirte mejor y tirar hacia adelante. Sonríe de vez en cuando y que no sea forzado, que salga natural, que sientas que una simple sonrisa puede ser motivo de bienestar para ti y para quien te pueda estar mirando y quién sabe si de ese pequeño movimiento muscular, pueda surgir una experiencia interpersonal que te solucione más que un problema.
Para mí la vida es como un guión de una película, nunca sabes cuándo va a cambiar el argumento, por eso hay que estar preparado para ello y tú puedes tener diferentes salidas para volver al guión principal, mejor o peor, a tu parecer, pero único y diferente al del resto de personas que participan en tu vida.


lunes, 29 de mayo de 2017

Quien tiene razón?


Que sigas siendo feliz toda la vida y gracias por haber sido mi amiga

                                       

Sin cambios....

          Supones mal, es el año 2017 y todo sigue igual, algún día cambiará.

PERDÓN, DISCULPAS ACEPTADAS


El perdón es la acción por la que una persona disculpa a otro una acción considerada como ofensa, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar un justo castigo, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden afectados o queden menos afectadas.
Pero realmente sabemos perdonar?, sabemos pedir perdón?, sabemos cuando estamos recibiendo una disculpa?, sabemos cuando tenemos que pedir perdón?,
Perdonar va más allá de una definición. Perdonar es un esfuerzo personal que realizamos a diario con mayor o menor coste emocional, no perdonamos igual a un compañero de trabajo que a un hijo, o a la persona que nos vende el pan que a un amigo de la infancia. No solo la persona, también la acción influye y el estado de ánimo que tengamos en ese momento. Todo ello hace que la ofensa sea de mayor o menor intensidad y que las decisiones que tomemos sean completamente diferentes en cada ocasión. Si una persona que conociste hace una semana, te pisa un pie cuando tú tienes un día horrible, será difícil pensar y reaccionarás de manera no adecuada o perjudicial. Pero si ese pisotón te lo da tu hijo de 9 años en un día maravilloso la reacción seguramente sea sosegada  y adecuada. En este caso un simple pisotón puede terminar rápido y sin llegar a consecuencias inadecuadas, ¿pero qué pasa si la ofensa va mas allá de lo físico y afecta en exceso  tu sensibilidad emocional?, ¿y si no es una simple acción puntual, si no una conducta repetitiva en el tiempo?                                                                                       
De ahí mi pregunta, sabemos perdonar? Sí sabemos perdonar, y si no es así, con el tiempo aprendes a hacerlo, siempre existe una ocasión en la que perdonas. Para perdonar a alguien, primero puedes pensar si merece la pena seguir pasando malos momentos y perder tiempo de tu vida pensando en ello y darte cuenta de que no merece la pena pasar por esta situación, no tiene porque ser de inmediato, pero si dándote tiempo para llegar a ese punto en el que dejas de pasarlo mal por esa acción que alguien provocó y más si es un ser querido. Entonces aprecias ese bienestar que se siente cuando dejaste atrás el enfado y comienzas a vivir de nuevo la relación con esa persona como hasta ese momento había sido. 
Sabemos pedir perdón? No es fácil pedir perdón, el miedo a una respuesta no querida por parte de la otra persona, te retrae a intentarlo y puede suceder que con el tiempo pierdas la oportunidad de hacerlo y de que la otra persona piense que no quieres pedir disculpas. Cuando alguien se enfada contigo, no tienes por qué rogar que te perdone, de esta manera puedes provocar más enfado y empeorar la situación, seguramente sea más fácil dar tiempo a que la otra persona piense y esté preparada para recibir las disculpas que tu quieres mostrar. Es muy difícil ver pasar el tiempo y no poder decir nada a la otra persona, pero de esta manera también tenemos tiempo nosotros para prepararnos para ese momento delicado.
Saber cuándo pedir perdón es prácticamente imposible, quizás dando tiempo y espacio y sabiendo a quién se lo vamos a pedir y por qué queremos pedirlo, sea la mejor manera, de ahí la pregunta, sabemos cuándo tenemos que pedir perdón?.
Sabemos cuándo estamos recibiendo una disculpa?, tan difícil como pedirla es recibirla, ponernos en el lugar de la otra persona es importante en las dos circunstancias pero para recibirla quizá sea mas complicado, no solo tenemos que recibirla , también tenemos que saber si queremos recibirla e intentar comprender la  complicada ecuación de por qué la otra persona pide perdón. Si coincidimos en el momento adecuado con la otra persona que nos invade nuestro territorio para que satisfaga sus deseos de bienestar hacia nosotros.

Ya pidamos o nos pidan perdón, es realmente difícil y si no estás acostumbrado y por norma general dejas pasar el tiempo (esperas a que se arregle solo y si no mala suerte, el mundo está lleno de personas dispuestas a convivir con nosotros) tarde o temprano te encontrarás en una de las dos situaciones y cierto es que difícil es, pero la recompensa es mayor.















lunes, 22 de mayo de 2017

ESTIGMA es una condición, rasgo o comportamiento que hace que la persona portadora sea incluida en una categoría social hacia cuyos miembros se genera una respuesta negativa y se les ve como culturalmente inaceptables o inferiores. En psicología, defectos del carácter del individuo.